Algunas personas bienintencionadas, siguen pensando que dictando cursos
de capacitación sobre biología de las plagas, de asistencia voluntaria,
podrán solucionar los problemas de raíz que tiene el sector, sin darse
cuenta que si no se certifican debidamente esos conocimientos
"supuestamente" adquiridos por quienes asisten a talleres y cursos
de capacitación, de nada sirven las buenas intenciones ya que está
comprobado que un pequeño porcentual de asistentes a estos cursos,
adquieren un nivel aceptable de captación sobre las materias desarrolladas;
mientras que una gran mayoría concurre a los mismos para socializar y poder
colgar un "diploma" en la pared de su casa u oficina a fin de
impresionar a clientes y amigos.
Si de marketing, computación, o relaciones públicas se tratara, la
cuestión sería un tema menor ya que la "no aplicación" de los
conocimientos impartidos no implicará ningún riesgo toxicológico o
ambiental. En el caso del control de plagas es distinto.
Cuando hablamos de capacitación en control de plagas, no siempre lo estamos
haciendo en función de los conocimientos que necesitan los diversos
participantes de la dinámica global que conllevan las estrategias para el
control de plagas.
En general se tiende a pensar que convocando a personas (empresarios,
profesionales, funcionarios, etc.) frente a un orador que les imparta
conceptos sobre algunas materias definidas arbitrariamente, estamos inmersos
en un proceso de capacitación técnica.
Es muy probable que el tema en cuestión sea del interés de los asistentes
al evento, e inclusive que el orador pueda captar la atención de los
presentes, logrando que algunos se vayan con nuevos conocimientos sobre la
materia.
Así ha funcionado en general hasta ahora, a partir de las charlas
organizadas por laboratorios y asociaciones.
No podemos menospreciar el gran valor que estas charlas tuvieron en nuestro
propio crecimiento técnico y empresario.
De todos modos, deberíamos a estas alturas, apuntar a una mejora
cualitativa de la condición técnica de todo el sector, a partir de un
ordenamiento temático homogéneo en función de lo que necesita
imperiosamente la industria de control de plagas y la sociedad, apuntando a
contar en breve con técnicos certificados que aseguren eficiencia en sus
tratamientos, pero por sobre todas las cosas, garanticen prestaciones
seguras en los aspectos toxicológicos y ambientales.
Podemos entonces considerar en esta primera instancia dos líneas
capacitadoras, con algunos puntos en común entre ellas, pero con
responsabilidades e incumbencias bastantes diferentes.
La primera debería estar enfocada hacia aquellos que enfrentan a diario los
tratamientos de control de plagas a campo, quienes deben poseer determinados
conocimientos prácticos, que le aseguren a la comunidad que no serán un
peligro para ella, sino al contrario. Operadores idóneos que a
partir de una adecuada certificación de conocimientos, garantizarán tal
presunción.
Esto lo podremos lograr estructurando un sistema único de
"Certificación" de conocimientos mínimos de los operadores en
control de plagas que trabajen por su cuenta o estén incorporados en alguna
estructura empresarial.
Estas estrategias capacitadoras, deberían girar sobre las materias que más
nos comprometen socialmente como sector, ya que de nada servirá que un PCO
conozca a la perfección la biología de las pulgas, si a la hora de
realizar un tratamiento termina intoxicando a sus clientes o a sus mascotas.
De nada servirá que un PCO conozca al dedillo los temas vinculados a la
reproducción de los roedores, si a la hora de ejecutar una tarea de control
se termina perjudicando en su propia integridad física, u ocasionando un
serio daño ambiental.
Debemos ser concientes de que es en esta etapa (aplicación o tratamiento),
en la que suceden los accidentes más importantes.
Temas tales como "Biología de insectos o roedores" que si bien
son fundamentales a la hora de definir la estrategia a implementar, pasan a
un segundo plano de importancia, cuando lo que está en juego es la
integridad de las personas y el medio ambiente.
Los programas de certificación de idoneidad técnica para los operadores
de campo deberían acentuar la importancia de temas tales como:
toxicología, riesgos laborales, transporte de productos, seguridad en la
aplicación, riesgos ambientales, sin olvidarnos de los conceptos
fundamentales del MIP.
A partir de contar con operadores de campo idóneos y certificados,
tendríamos que encarar programas de capacitación para formar técnicos
expertos en control de plagas, cuyas currículas deberán incluir todos
los temas que debe manejar un profesional en control de plagas en estos
tiempos.
El manejo integrado de plagas y un conocimiento profundo de las mismas y de
los productos utilizados en su control, podrán habilitar a estos técnicos
expertos, para planificar estrategias a aplicar y asumir las
responsabilidades de dirección de las empresas.
Capacitando con inteligencia, a partir de un ordenamiento programático, que
le garantice a la sociedad que la mala praxis y los fumigadores son parte
del pasado, lograremos montar un nuevo escenario que dignifique a la
industria en su conjunto.
De nada sirve llenarnos la boca con rótulos como "Manejo integrado de
plagas", "Profesionales en manejo de plagas", etc., cuando
sabemos que no son más que expresiones voluntaristas bastante alejadas de
la realidad.
Debemos entonces implementar mecanismos que nos permitan certificar a
operadores de campo idóneos y técnicos expertos, a través de cursos de
nivelación, que sean de exigencia efectiva para el ejercicio profesional de
una actividad destinada a mejorar la calidad de vida de las personas y no a
lo contrario.