Por Luis Alberto Horny
Mientras sigamos confundiendo "empresa de control de plagas" con
"operador en control de plagas" será muy difícil ponernos de
acuerdo en la construcción de estrategias adecuadas para la solución de los
problemas del sector.
Sabido es que una empresa del rubro de que se trate es una figura jurídica
que contiene determinados componentes que la hacen una entidad comercial y
social con derechos y responsabilidades que van mucho más allá de las
connotaciones técnicas de sus específicas actividades empresariales.
Las principales características de una empresa son: a- su constitución con
fines determinados, b- la figura legal elegida (SA, SH, SRL, etc.), c- sus
bienes y patrimonio social, y d- sus obligaciones fiscales específicas.
En ninguno de estos puntos influye de una manera determinante si la empresa se
dedicará a la reparación de electrodomésticos, la venta de productos
alimenticios, el alquiler de volquetes, la telefonía celular, o el control de
plagas domésticas.
En todo caso esto se mencionará en su objeto social y luego se adecuará a
las reglas existentes en el mercado y el fisco según el rubro de que se trate
y el distrito geográfico correspondiente.
Esto pone de manifiesto que hasta el momento de comenzar el giro comercial,
todas las empresas se pueden parecer en su forma, la que irá mutando en sus
primeros tiempos en su adaptación al rubro de pertenencia.
Así deberá inscribirse en diferentes registros, estatales y privados según
el sector específico de que se trate.
En el caso de una empresa de control de plagas, deberá adecuarse a las
normativas municipales, provinciales y nacionales que rigen la actividad.
Deberá contar con un DT que se haga responsable de sus prestaciones; y
tendrá que cumplimentar con ciertos requisitos estructurales que variarán
según la radicación de la misma.
Dentro de esta empresa de control de plagas, habrán de actuar los
"operadores de control de plagas"; los que no siempre serán
profesionales, sino que poseerán el conocimiento técnico impartido
generalmente por los dueños de la empresa, el que podrá tener importantes
diferencias cualitativas en idoneidad técnica según la empresa y el
empresario de que se trate.
De esta manera nos encontramos en nuestra industria con empresas con un buen
gerenciamiento comercial, pero con un calidad técnica en sus prestaciones que
no se condice con la imagen difundida ante la comunidad.
Así, una empresa que se pretende posicionar en el mercado promocionando sus
servicios "no tóxicos" o "ecológicos", puede terminar
utilizando productos que lejos estén de ameritar esas rotulaciones.
Por otra parte, nos encontramos con cientos de personas físicas (no
jurídicas) que optaron por esta actividad por el bajo capital inicial que se
necesita y las pocas regulaciones que existen, dentro de los que se encuentran
algunos interesados en progresar en un verdadero sentido profesional y
empresario, y otros muchos que toman la ocupación como un
"rebusque", hasta tanto aparezca una mejor oportunidad laboral.
Esta situación ampliamente difundida en nuestro sector, pone en riesgo a toda
la industria, ya que por cada caso de intoxicación humana, animal o ambiental
producido se genera un enorme daño en imagen corporativa, que afecta a buenos
y malos empresarios, a buenos y malos técnicos en control de plagas.
Para poder encauzar esta cuestión, lo primero que debemos entender es que no
es lo mismo "empresa de control de plagas" que "operador de
control de plagas".
Una empresa puede o no tener operadores capacitados adecuadamente en control
de plagas, e igualmente ejercer el control de plagas, ya que ninguna normativa
garantiza que no se puedan ofrecer y ejecutar estas prestaciones sin técnicos
debidamente capacitados y certificados.
Y por otra parte cualquiera se puede autotitular "operador de control de
plagas", ya que para ello solo necesita un pulverizador, un litro de
insecticida y algunas tarjetas impresas con un nombre de fantasía, y por
supuesto "muy buenos precios".
Este es uno de los problemas más graves que tiene este anarquizado sector
prestador de servicios sanitarios.
Algunas personas bienintencionadas, siguen pensando que dictando cursos de
capacitación sobre biología de las plagas y otros temas relacionados de
asistencia voluntaria, podrán solucionar el problema de raíz, sin darse
cuenta que si no se certifican debidamente esos conocimientos
"supuestamente" adquiridos por quienes asisten a talleres y cursos
de capacitación, de nada sirven las buenas intenciones ya que está
comprobado que un pequeño porcentual de asistentes a estos cursos de
capacitación adquiere un nivel adecuado de conocimientos sobre las materias
desarrolladas; mientras que una gran mayoría concurre a los mismos para
socializar y poder colgar un "diploma" en la pared de su casa u
oficina a fin de impresionar a clientes y amigos.
Si de computación, o relaciones públicas se tratara, la cuestión sería un
tema menor ya que la "no aplicación" de los conocimientos
impartidos no implicará ningún potencial riesgo toxicológico o ambiental.
En el caso del control de plagas sí.
Si no atacamos de raíz este problema, seguiremos dilapidando esfuerzos
(económicos, logísticos, y humanos) en cursos de capacitación que le
aportan algo a unos pocos, pero que no influyen en el pobre andamiaje técnico
de un sector flaco de conocimientos, con una gran mayoría de actores que ni
siquiera se acercan a las movidas capacitadoras porque "ya lo saben
todo".
¿Cómo ordenar este estado de cosas?
Estructurando a nivel nacional un sistema único de "Certificación"
de conocimientos mínimos de los operadores de control de plagas que trabajen
por su cuenta o estén incorporados en alguna estructura empresarial.
Estos cursos deberán girar sobre las materias que más nos comprometen
socialmente como sector, ya que de nada servirá que un PCO conozca a la
perfección la biología de las pulgas, si a la hora de realizar un
tratamiento termina intoxicando a sus clientes o a sus mascotas.
De nada servirá que un PCO conozca al dedillo los temas vinculados a la
reproducción de los roedores, si a la hora de ejecutar una tarea de control
se termina perjudicando en su propia integridad física o ambiental.
Peor aún cuando nos encontramos con operadores a los que sus patrones, por
una cuestión de costos internos no los proveen de buenos productos ni equipos
seguros para su aplicación y se exponen cada día a la inhalación de
partículas nocivas que lo van contaminando en cada jornada de trabajo y que
por desconocimiento técnico están incapacitados de detectar.
De nada sirve llenarnos la boca con rótulos como "Manejo integrado de
plagas", "Profesionales en manejo de plagas", etc., cuando
sabemos que no son más que expresiones voluntaristas bastante alejadas de la
realidad.
La mejor manera de poder encauzar este tema trascendente en el control de
plagas domésticas o urbanas, es certificando a operadores idóneos a través
de cursos de nivelación dictados en comunión con los colegios profesionales,
universidades y gobiernos en los diferentes estamentos de que se trate; que
luego sean de exigencia efectiva para el ejercicio profesional de una
actividad destinada a mejorar la calidad de vida de las personas y no a lo
contrario.