Y bueno.., lo atamos con alambre.
En las mañanas, cuando abro los ojos y voy al encuentro
de una nueva oportunidad de vivir, se me escurre una sonrisa que corre directamente hasta
el próximo día. Es como anticiparme que no sólo saldré a producir, para ganar el pan y
la seguridad de los míos, sino que voy a unir lazos con otras personas, que confirmarán
mi pertenencia con lo humano y en consecuencia mi representatividad hacia fuera.
¿Porqué sonrío?.
Porque creo que en mi trabajo, está mi presente y en potencia mi futuro.
¿Pero qué siento?.
Siento que este rico mosaico de vida, no casualmente es el resultado de más de 3.500
millones de años de historia de la evolución. Y que esa evolución ha sido configurada
por fuerzas como el cambio de la corteza terrestre, las edades glaciales, el fuego, la
interacción entre las especies y especialmente por la acción del hombre.
¿Y cuando pienso en plural sobre mi trabajo?
Siento que no encuentro, que falta, un marco de referencia que contenga y permita el
desarrollo del trabajo.
Siento y vivo, que no existe una real y viva actividad gremial empresaria que actúe en
los lugares o espacios en los que se concreta mi trabajo. Menos aún, que se preocupe por
enfrentar los inconvenientes que limitan el ejercicio de mi actividad y de tu actividad.
No existe una Asociación , Agrupación o Cámara o Federación que represente a los
Controladores de Plagas.
Aquel que no esté de acuerdo, que establezca la relación de Habilitados vs. Asociados,
que tengan sus cuotas al día o no hayan sido dados de baja "por razones
políticas"
Ese porcentaje, será el real silencio o vacío que existe entre la realidad de un mercado
abandonado, un rutinario palabrerío o hasta a veces, un simple sello.
Cuando un objetivo institucional está bien definido, siempre es, o visualmente imaginable
o excepcionalmente simple. Sólo le falta la energía del movimiento. La impronta de los
dirigentes. O sea de los hombres.
Quienes dirigen, por elección de sus asociados o por las curiosidades de los reglamentos,
una representación gremial empresaria, deberían hacer cuentas del número de asociados
desde su origen hasta hoy. Analizar y trabajar sobre el porqué hay muchos más afuera que
adentro. Y sobre las bajas generadas por simple inercia del ya no querer pertenecer, más
las que responden a los empujones recibidos, por acción u omisión, desde Comisiones que
funcionan con respirador artificial.
Deberían evaluar la propia gestión y la dirección histórica y hasta histérica de la
asociación. Este es un ejercicio que no puede ser omitido. Comparar logros versus
derrotas o fracasos. Medir el nivel de reconocimiento y presencia institucional. O
diferenciar una campaña circunstancial y recortada en el tiempo y en el espacio, con el
diálogo permanente, generador de oportunidades para el gremio todo .
Repasar la necesidad de apariencia pública y la adicción a su uso, los remiendos a las
incapacidades personales o a las elecciones no realizadas. La carencia de programas, de
pautas de seguimiento, de denuncia de las desviaciones de los objetivos. De reconocimiento
de la manifiesta falta de respeto a principios básicos de honestidad para con los
dirigidos. De la ausencia de ganas y de priorizar lo personal a lo grupal. Del pasar por
encima de lo dispuesto por las reglamentaciones escritas y aceptadas.
Esto sería un ejercicio saludable
¿Y entonces, porqué no se lleva a cabo?
Porque es posible evitarlo.
Y es posible porque las asociaciones reúnen a muy pocos asociados y de ese número es
necesario reducir, los que no van, no pagan sus cuotas, no les interesa lo que ocurra más
allá de su bolsillo, o los que están sólo en forma de firma de un libro de actas o
presencias a reuniones.
Entonces el manejo, el adquirir un título o el participar de una comisión es muy
sencillo. Y muchas veces, hasta es necesario insistir.
Ninguna asociación o cámara presenta listas alternativas para una elección.
El número de asociados, no lo permite, mejor dicho, no alcanza.
Entonces, atamos todo con alambre.
Pero también estamos atando con alambre nuestro presente con el futuro institucional.
¿ Qué vemos en esta realidad, que se decide no cambiarla?. ¿O qué ventaja secundaria
aporta, que no es interesante modificarla?
Lo terrible de esto, es que es el resultado de una decisión personal. Que es la
consecuencia de lo decidimos percibir de la Vida. De una acción individual e inteligente.
Que es un acto de libertad. Que se mantiene en el tiempo y se expresa según las
características de la miopía que cada individuo decidió adoptar.
Mientras tanto, este hecho cotidiano, mezcla de desapego y autismo grupal, permite y avala
que otras acciones, generadas por intereses muy particulares, individualizados y fácil de
ser definidos, a pesar de ser gestadas en silencio y desde las penumbras, ocupen los
espacios que los dirigentes que tendrían que estar presentes, van abandonando.
Y una mañana despertamos con una nueva Ordenanza o una norma tipo IRAM, en nuestra cama.
Ahí, justo en el espacio que dejamos libre y lanzándonos todo su aliento pestilente
contra la nuca.
Y entonces el problema del desapego y autismo, ya es conflicto. Está presente, pero
algunos, creen que aún pueden separarse o esquivarlo. Pero el conflicto, continúa
presente.
Si el conflicto crece y se mete con la mayoría de nosotros, entonces yo y todos nosotros:
somos el conflicto. En ese momento, cada aspecto de nuestra vida entrará en crisis. Será
totalizadora y nos paralizará.
Y lo que es peor, todos sabemos que no se puede vivir en crisis permanente o en ausencia
de una organización que nos identifique, contenga, represente y enfrente a ese mundo real
y palpable que día a día acota nuestras posibilidades de desarrollo y nos torna más
débiles en lo normativo, lo comercial, lo fiscal, en nuestras aspiraciones y proyectos
personales y que también les pertenecen y son propios de nuestro grupo familiar.
¿Estarán envejeciendo nuestros dirigentes actuales?. Definiendo el envejecer, como un
proceso de cristalizamiento de sus propios proyectos, la falta o ausencia de recreación
de los mismos. O simplemente, la falta de ganas.
No sé como se sentirán los que aceptaron el rol de un cargo, en el hoy y aquí.
Pero sin duda, lo que seguramente no sienten, es que representan al gremio de
Controladores de Plagas.
O no tienen conciencia que diariamente, por su falta de presencia en el lugar en el que se
debe estar presente, están aportando las bacterias necesarias para su disolución total.
Cada día que pasa sin el estímulo de una idea fuerza en la cual poder encontrar alivio,
estamos desgastando la alternativa esencial de reinventarnos y ganarle al aislamiento. Y
de esa manera alcanzar una identidad individual, a partir de la fuerza y los logros
grupales.
Simplemente sin discriminar y conviviendo en las diferencias.
Algunas mañanas, cuando abro los ojos y voy en búsqueda de una nueva oportunidad de
vivir, me olvido que todo, se puede atar con alambre.
Jorge García Naveira
Agosto 2004
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