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NUEVOS CONCEPTOS: EL CAPITAL SOCIAL
Por Jorge García Naveira
Abundan universalmente ejemplos históricos que
demuestran el inmenso valor sinérgico que tienen los humanos cuando acometen
emprendimientos en forma conjunta, guiados generalmente por una visión o
sentimiento.
La asociatividad, la capacidad para involucrarse en un programa común, la
convicción por aglutinarse bajo el paraguas del objetivo común, las
habilidades para tejer alianzas, para sintetizar visiones dispersas en un
objetivo concreto a ser perseguido, son todos ingredientes indispensables para
el éxito y el crecimiento.
El sentido de comunidad, elaborado a partir del concepto de que toda actividad
humana debe finalizar siendo antropocéntrica (tener como objetivo el
bienestar y el desarrollo del hombre), en la medida que se oriente al bien
común, genera esa conducta o valor que ha dado en llamarse Capital Social y
que puede en muchos casos representar el éxito, cuando el mismo está
presente, así como el fracaso cuando se carece de él.
El Capital Social, concebido como un código de conducta de un grupo de
personas o de una entidad, es el "lubricante" y a la vez el
"combustible" que motoriza el tejido social, que permite que las
instituciones acometan actitudes superadoras, que redundan en beneficios de
quienes las generan.
Es la hora del involucramiento de todos en nuestra Asociación AFECOP. Nunca
más verdad aquello que "la malicia de los malos es tan perjudicial como
la carencia de coraje y participación de los buenos".
El Capital Social enfocado hacia el bien común pasa a constituirse en el
elemento insustituible en la evolución de cualquier forma de vida inserta en
este proyecto.
"Tu maíz está maduro, el mío lo estará mañana. Sería beneficioso
para ambos que yo trabajara contigo hoy y que tu me ayudaras mañana. No te
tengo cariño y sé que tu tampoco lo tienes por mí. Podría entonces
esforzarme, no para tu beneficio, sino para el mío propio con la expectativa
de un retorno. Pero sé que seré decepcionado y que dependería en vano de tu
gratitud. Entonces yo te dejo trabajar solo y tú me tratas de la misma
manera. Pasan las estaciones y ambos continuamos perdiendo nuestras cosechas
por falta de confianza y seguridad mutua.". David Hume
El Capital Social es amalgama, es red, es raíz, sentimiento de
pertenencia, capacidad para coincidir y aptitud para identificar objetivos
comunes y llevarlos a la práctica. Es minimizar la declamación y
exteriorizar la identidad del grupo, activándolo a través de la acción
permanente, sostenida y consistente.
Es confianza, en su estado extendido y con mayúsculas, que permite no vivir
en estado de alerta. Es el grupo de "reglas no escritas" que permite
realizar acciones bajo la convicción de que nada súbito e inesperado
cambiará sus condiciones.
Es la participación, el estar involucrado, la transparencia en hechos
concretos del sentimiento de pertenencia.
Es esa "comun-unidad" que brinda a las instituciones, las fortalezas
y las sinergias capaces de generar anticuerpos muy superiores a quienes
carecen de ella.
Es la participación conjunta que, estimulada por la integración, permite la
identificación de acuerdos básicos, sólidos e inmutables en el tiempo.
Pero es también el principal afectado por la pérdida o ausencia de valores,
por la depreciación de su nivel de capacitación, por los estados
deliberativos permanentes, por la incapacidad de coincidir y por los tiempos
inacabables de alcanzar consensos.
La carencia de confianza, la demanda permanente de sobreprotección, ante la
inseguridad permanente física o jurídica o la inestabilidad de las normas de
juego, son los síntomas incontrovertibles de la debilidad o ausencia de un
fuerte Capital Social.
Capital Social es en definitiva, un elemento vital cuya presencia y reserva
debe cuidarse como un tesoro, pues se constituye a través del tiempo en un
prerrequisito – semejante al agua y al oxígeno – para cualquier
institución que desee mantenerse viva.
AFECOP está necesitando de ese Capital Social que existe, es real y vive en
cada uno de nosotros , sin el cual regresaremos a mostrarnos como un grupo
autista que al estar, con la cabeza baja, mirando nuestro propio ombligo o el
bolsillo, es incapaz de visualizar el horizonte del cambio. No cambio de la
realidad, del cambio de la mirada de esa realidad Es más, se quita la
posibilidad de regresar a sus orígenes, donde todo era posible,proyecto y
crecimiento.
¿ Y qué pensábamos entonces?. ¿Qué creíamos en esos
tiempos?
¿En la magia de la propia y única capacidad para crecer como empresa y
empresarios?
¿Y el afuera, nunca existió en nuestra Plan de Desarrollo?
Si Uds. me lo permiten, esto da para más.
A mí me gustaría seguir escribiendo sobre: el Capital Social.
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