|
¿QUÉ PODEMOS HACER CON NUESTRO MERCADO?
Por Luis Alberto Horny
Presidente AFECOP
Algunos se preguntarán ¿qué mercado?.
Otros ni siquiera estarán convencidos de que podamos hacer
algo.
Yo en cambio, creo que si dejamos de lado el individualismo
a ultranza, los recelos y la falta de compromiso, podremos generar acciones conjuntas
entre los actores de la industria del control de plagas, que generen efectos positivos en
un mercado no demasiado definido en cuanto a su verdadera potencialidad.
En los últimos años; podríamos decir en la última década, se forjaron cambios
realmente trascendentes en nuestro sector en la Argentina.
Pudimos acceder a productos mucho más seguros, a nuevas
tecnologías, a nuevos conceptos en el manejo de plagas. Comenzamos a valorar de otra
forma las normas de seguridad e higiene en el trabajo, y paralelamente construimos
instituciones, que junto a los productores de insumos intentaron acercarse a los PCOs con
un mensaje positivo y abierto.
Fue así que se realizaron numerosos talleres de
capacitación, y se logró una interesante conexión entre los proveedores de insumos y el
sector prestador de servicios.
Quiénes tuvimos el privilegio de protagonizar buena parte de esa historia, sabemos
que jamás, desde las cámaras más representativas, se promovieron exclusiones de ninguna
naturaleza.
Es más, siempre se intentó acercar a los colegas del
sector al seno de estas instituciones, a fin de que todas las opiniones fueran debidamente
consideradas y que cada uno pudiera tener la oportunidad de aportar algo para el
mejoramiento del escenario profesional y comercial de nuestra industria de control de
plagas.
Tanto es así que algunos nos empachamos de sapos indigeribles, que llegaban,
pateaban el tablero, y después desaparecían cuando no lograban que prevalecieran sus
mezquinos intereses.
Algunos terminaron formando su propia agrupación para tener
una chapita que le diera una supuesta jerarquía dirigencial, esa que se gana únicamente
con años de trabajo y que la otorga el respeto y reconocimiento de nuestros pares.
Esto ayudó a atomizar aun más las opiniones de un sector individualista a
ultranza, y facilitó un relativo posicionamiento de algunos personajes que siguen
pensando que su ombligo es el centro del universo y siguen sin entender lo que más le
conviene a nuestra industria.
De todos modos, creo que no hemos podido llegar todavía a
la mayor parte del sector, tal vez por no haber sabido convocarlo con acierto, o por falta
de propuestas que sintonicen con el pensamiento mayoritario.
Con toda seguridad, el hecho de no existir un registro o matrícula obligatoria a
nivel nacional, ha dificultado implementar esta llegada masiva.
Tampoco me caben dudas que una buena proporción de nuestro
sector no está a la altura de los tiempos que corren, ni en los aspectos técnicos ni en
los comerciales, y que el deber de quienes nos consideramos dirigentes, es elevar el nivel
técnico e intentar mejorar la mala imagen que todavía tenemos en buena medida por
acciones de mala praxis de aquellos que desde sus cómodas plateas nos miran, nos critican
y jamás se comprometen ni con las instituciones existentes, ni con su propio medio de
vida.
Este es un ingrediente adicional que dificulta la llegada de
un mensaje de profesionalismo, organización institucional, posicionamiento social, etc.;
ya que a buena parte de estos actores del mercado, estas cuestiones no les resultan
demasiado atractivas, e inclusive las llegan a considerar una pérdida de tiempo.
Nos encontramos evidentemente ante un sector profundamente
fragmentado, entre quienes nos involucramos en el proceso de cambio y quienes se quedaron
afuera apostando al juego solitario de "buscavidas" sin horizontes profesionales
ni empresariales a la vista.
Si a esta interesante ensalada la condimentamos con un proceso de cuatro años de
recesión económica, encarecimiento de insumos por la devaluación y pérdida de
horizontes previsibles, tanto la gestión gremial como la comercial se tornan bastante
complejas.
Así están las cosas.
¿Qué hacemos entonces?.
Según mi propio convencimiento: "trabajar a partir de
nuestra experiencia pasada con las herramientas que tenemos en nuestras manos para inducir
los cambios que deben darse a favor de nuestros intereses profesionales y
comerciales".
Y en este punto, cabe señalar que prestadores de servicios
y proveedores de insumos, tenemos que empezar a confluir en acciones que promuevan un
crecimiento del mercado a partir de un mejor posicionamiento de la actividad, evitando
reiterar errores del pasado cuando desde uno y otro lado del mostrador prevalecía el
recelo y la desconfianza.
Se me ocurre que una buena manera de hacerlo, es lograr una
mayor participación en los medios de comunicación masivos con un claro mensaje sobre los
riesgos devenidos de vectores y plagas, argumento que podemos abonar con suficiente
bibliografía y necrología como para darle sustento y credibilidad.
Si no le decimos a la gente la verdad sobre el riesgo que implican los vectores y
plagas en sus vidas, no esperemos que ningún funcionario u opinador eventual sin
compromiso con nuestro sector diga algo que nos favorezca.
Sabemos que los presupuestos disponibles de los fabricantes
de insumos son acotados, y es por eso que hoy más que nunca debemos procurar manejarnos
con más inteligencia y romper la inercia de tantas convocatorias fallidas a un sector que
no siempre responde acorde a nuestras expectativas.
Sabemos los que somos, porque nos vemos las caras en todas
las reuniones.
Es hora de hacer otras cosas. De invertir bien los magros recursos.
Siempre creí en el importante rol de la prensa como factor de reacción favorable
a nuestros intereses.
Por supuesto que antes que yo, ya lo habían descubierto Coca-Cola, General Motors
y Heineken entre otros.
La difusión de un pensamiento adverso a las plagas y
favorable al "control profesional de las mismas" sintoniza con nuestros
intereses y puede generar alguna reacción positiva en ese sentido.
Seguramente, habrá que continuar con los cursos de capacitación, evaluando muy
bien las temáticas, y las oportunidades y ámbitos para realizarlos.
En los últimos años los laboratorios estuvieron tan
preocupados por sacarle una porción de la magra torta a sus competidores, que perdieron
de vista que así como otros sectores (autopartistas, industria farmacéutica, ruralistas,
etc.) se unen para ejercer lobby para el común beneficio, ellos también lo podrían
haber hecho, y probablemente la tajada hubiera engordado un poco, beneficiando por
añadidura a todo el sector.
Hoy la planificación de acciones conjuntas entre
"productores de insumos entre sí", entre "prestadores de servicios entre
sí", y entre "productores de insumos y prestadores de servicios" se impone
para no volver a cometer los mismos errores y lograr algunas reacciones positivas que nos
terminen beneficiando a todos.
Para ello no debemos caer en el pretencioso exceso
dialoguista que busca la perfección de una gestión con el 100% de consenso, y que
termina condenando cualquier acción positiva que busque un beneficio colectivo.
Una política institucional sin liderazgo y con un excesivo parlamentarismo nos
hará cometer los mismos errores del pasado, condenándonos al estancamiento gremial y la
consecuente nueva pérdida de credibilidad y respeto por parte de todo el sector.
Por supuesto que con esto no alcanza.
Y es aquí donde un nuevo orden institucional debe imponerse
a fin de jerarquizar las acciones gremiales empresarias con una mayor representatividad, y
poder así encarar gestiones que tiendan a un ordenamiento jurídico del sector en los
planos profesional y comercial, ya que la competencia desigual y desleal perjudica en
mayor medida a aquellos que más se han comprometido en los últimos años con la nueva
imagen de una industria seria al servicio de la gente, y han proyectado su propio
crecimiento con verdaderos criterios empresarios y profesionales.
Este debe ser nuestro norte. Apuntalar a estos empresarios
que prestigian nuestro querido oficio, y tratar de encauzar a aquellos que lo
desprestigian.
¿De qué modo?.
Procurando normativas que ordenen el mercado y que nivelen a
partir de parámetros técnicos (no estructurales) a todos los actores desde de un piso
que asegure el cumplimiento de las normas mínimas de seguridad en los tratamientos,
calidad en las prestaciones y responsabilidad social de cada uno de nosotros.
Todo esto debe ser encarado en el seno de una institución
con representatividad nacional, y llevado a cabo por los mejores y más experimentados
hombres y mujeres que podamos reunir para trabajar colectivamente en estos objetivos.
Debemos perder la ingenuidad de pensar que las cosas se
resuelven manteniéndonos al margen de los estrados del poder.
Para cambiar las cosas, debemos realizar lobby en los sitios adecuados. Aquellos
donde se deciden las cuestiones de nuestro interés.
Me da la impresión que hasta ahora hemos estado más preocupados por los
problemas: la 779, los mochileros, las licitaciones arregladas, los precios a la baja,
etc..
Propongo que a partir de ahora cambiemos de óptica, y en
vez de perder el sueño con los problemas que todos conocemos, nos empecemos a comprometer
con las SOLUCIONES que necesitamos.
Aquellos que elijan automarginarse o renegar de su
compromiso con el sector, no tendrán autoridad moral para criticar a los que lleven
adelante las banderas de una industria del control de plagas verdaderamente profesional en
un mercado demandante y respetuoso de nuestro rol como auxiliares de la salud y la calidad
de vida de la comunidad.
|